Una fotografía no sólo vale más que mil palabras; es el equivalente a todo un inventario de personalidad.

El mío es siempre con una sonrisa de gratitud y ahora de autenticidad.

Allí, con colores apagados desgastados por el tiempo casi en sepia, ya se reflejan los aciertos y desaciertos de mi personalidad (dependiendo de las circunstancias y de quién la evalúe); fuerte, obstinada, emocional y siempre con una sonrisa. Terca: un rasgo definitorio que me resume en una sola instantánea.

Posiblemente si en ese momento hubiera sabido que nací para SER, sin nada que temer ni nada que demostrar. Quizás habría evitado baches del camino…

¿Cuántas conversaciones habría podido no sólo comenzar, sino también acabar, de haber sabido antes que mi corazón era el de una mujer autentica?.

Posiblemente no habría empleado tanto tiempo en entender o huir del mundo, habría ido en su busca con los brazos abiertos.

Siempre con una sonrisa

Saltamos en el tiempo cuatro décadas. Otra fotografía me captura,  la misma mirada directa, brillante; sin embargo el aura que emana de la fotografía es ahora distinto. La férrea terquedad inocente de antaño se ha convertido en entereza espiritual; la niña ha crecido; la cautela se ha transformado en sabiduría intuitiva, del tipo «Lo que es, es». Mejor aún, ha desaparecido la tensión, no busco respuestas, sé y camino agradecida por la suma de mis días y las lecciones aprendidas, porque como bien decía Rumi…

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El alma está aquí por su propia alegría.

Rumi

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Sin temor a equivocarme hoy sé que pasado los años, nuestro cuerpo y rostro reflejan nuestra biografía.

Cada una de nuestras experiencias, elecciones y creencias se han ido decodificando de acuerdo al significado que le hemos dado y a la manera como hemos establecido, lo que la autora Caroline Myss llamo, contrato sagrado, que no es más que el intercambio de energía espiritual y la gestión de nuestras relaciones con los demás y con nosotras mismas.

Es por esa razón que nos creó capaces de alcanzar un estado de conciencia aquí/ahora que enriquecerá y transformará nuestras vidas, sí conseguimos recordar y volver a examinar los sueños, pasiones y miedos de nuestro pasado.

Sí, incluso los miedos. Creo fervientemente en la capacidad de alterar el curso de nuestra vida de maneras maravillosas si acogemos con gratitud las lecciones que más nos asustan.

Tenemos fortaleza para labrarnos el camino a través de nuestros miedos y además superarlos con la gracia de nuestro espíritu. Cuando decidimos conocer nuestros miedos, aunque nos tiemblen las rodillas y se nos revuelva el estómago, el cielo admira nuestro temple, aplaude nuestra audacia y nos dota de una gracia fabulosa.

Acuérdate siempre y no lo olvides jamás: primero el gesto, después la gracia.

Siempre con una Sonrisa

Con independencia del método que escojamos para afrontar nuestros temores —de si somos la causa de nuestros problemas o sólo nos hemos visto enredados en los de otros, de si lo que nos ofusca es una crisis repentina o ya viene de lejos, sólo tenemos tres opciones:

  • Ignorarlos y confiar en que desaparezcan. No lo harán.
  • Intentar vivir con ellos. No durarán siempre.
  • Buscar el don que reside en nuestro miedo y aprovecharlo. Cuando lo conseguimos, renacemos al otro lado de la vida, sorprendidas por la alegría.

Vivir con alegría, entusiasmo y gratitud regocijándote en la esencia de tu SER; es posible, solo tienes que fluir con tu sabiduría intuitiva y autenticidad en el reconocimiento de tu espíritu.

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No permitas que nada borre tu sonrisa. Re-conoce tu autentica vida y vívela!.

Karla Alezard.

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