Seguramente hayas leído en cientos de lugares la importancia que tienen tus pensamientos y que estos han de ser más positivos, pero, en la práctica esto no te resulte tan sencillo. En este artículo encontrarás una gran ayuda para resetear y comenzar este nuevo “curso” con otros pensamientos.

Imaginemos la siguiente situación, dos parejas han estado este verano de crucero, una pareja te cuenta a su regreso lo magníficamente bien que se lo han pasado, la infinidad de excursiones que han hecho, lo cómodas que eran las camas, las divertidas fiestas que se organizaban… en definitiva, te recomiendan que realices su mismo viaje. Sin embargo, la otra pareja te define su viaje como horrible, ya que la comida estaba malísima, estaban agotados de tanta excursión y fiestas y, además, uno de los días hubo una tormenta que les fastidió una salida. Si es el mismo viaje, ¿por qué hay dos versiones tan opuestas? Porque sesgamos, no vemos la realidad del mismo modo, la interpretamos. Por ello, aunque las situaciones y las circunstancias de la vida sean muy influyentes, no son determinantes, el cómo pensemos sí lo es.

Patrón: Situación-Pensamiento-Consecuencias.

La interpretación de la realidad suele seguir un patrón sencillo: A-B-C. Dónde A hace referencia a la situación, B hace referencia al pensamiento y C a las consecuencias. Por lo tanto, B, el pensamiento, es la interpretación que hacemos de una situación que viene dada y que no se puede cambiar, sin embargo, la interpretación que le damos, sí que es modificable y ahí es dónde incide la labor del psicólogo y dónde debe residir tu labor personal.

Por ejemplo, pensemos en que en el trabajo, la jefa te comenta que el informe que has entregado no es útil para lo que se demandaba, ante esta situación,  en principio no demasiado agradable, podemos pensar “¿cómo puedo mejorarlo?” o un “vaya, pensé que estaría bien”… el problema puede venir si tenemos pensamientos del tipo “sabía que lo haría mal”, “es que no sé hacer ni un informe”, “seguro que me echan”, “ no sirvo para nada”… que además suelen ser pensamientos en cadena, podemos empezar por algo tipo “que asco de trabajo” hasta llegar a “soy un desastre” , lo cual, obviamente, merma nuestra autoestima y, en este caso, hará que enfoquemos el trabajo desde una perspectiva errónea.

Por otra parte, tenemos la “C”, las consecuencias. Estas se dividen en el plano fisiológico y en el plano conductual. Siguiendo el mismo ejemplo, a nivel fisiológico, si pensamos que el informe ha de mejorarse, puede que tengamos una sensación de energía que hayamos de focalizar. Si, por el contrario, pensamos que nos van a despedir, lo más lógico sería que sintiéramos síntomas de ansiedad. Por lo tanto, el pensamiento influye drásticamente en nuestras sensaciones corporales.

Respecto al plano motor o conductual, hace referencia a qué hacemos tras tener esos pensamientos.  Siendo más optimistas, podemos ponernos a trabajar en un nuevo informe, sin embargo, siendo más negativos y anticipando lo peor, lo más probable es que nos bloqueemos, que nos enfademos con nuestro jefe/a y discutamos con él/ ella, que intentemos hacer un nuevo informe pero no nos centremos…

Cómo hemos visto, el pensamiento es influyente e incluso determinante a la hora de encarar nuestro día a día y a largo plazo, nuestra vida. Pero, también es interesante conocer que esta relación es bidireccional, si, por ejemplo, practicamos técnicas de relajación, logramos que nuestra activación fisiológica descienda y que nuestro cerebro capte la señal de que “no es para tanto”, que estamos relajados. Además, si en lugar de enfadarnos y decir “no pienso repetir el informe”, nos ponemos a ello y hacemos uno nuevo mejorado, seguramente, la situación se solucione y nos sintamos mejor.

¿Te animas a cambiar tus pensamientos negativos?.

En definitiva, tanto pensamientos, como activación fisiológica  y acciones, están relacionados como un engranaje que, en ocasiones, se obstruye y nos bloquea. No podemos cambiar nuestros pensamientos, nos sentimos ansiosos, depresivos, enfadados… no sabemos cómo actuar o qué camino seguir… y es ahí cuando un psicólogo puede ayudarnos.  ¿Puede un psicólogo hacerme cambiar? Sí y no, un psicólogo puede ayudarte y enseñarte técnicas para cambiar tus pensamientos y tu conducta pero ese cambio has de generarlo tú mismo con trabajo personal que se hace en las sesiones con tu psicólogo, pero, especialmente, en tu día a día.

El trabajo para cambiar tus pensamientos negativos es un trabajo duro, pero muy reconfortante y con unas consecuencias muy importantes, comenzará dándote cuenta de lo que piensas, de cómo te hablas, analizando hasta qué punto esos pensamientos son coherentes con la realidad y adaptativos para ti y, en caso de que no lo sean, cambiándolos, primero de forma consciente  algo forzada para que tras un entrenamiento diario, estos vayan automatizándose, pero tranquilo/a el psicólogo te puede proporcionar las herramientas para hacerlo, supervisarte y guiarte. ¿Te animas a cambiar tus pensamientos negativos?.